UNA NOCHE EN EL BOX
Comitán de Domínguez, Chiapas, México. 14 de Mayo de 2010
Por: Oscar Antonio Martínez León.
“Golpea mejor, quien golpea primero,
levántate antes de que cuente hasta 10…”
Enrique Bunbury.
Acudí sin habérmelo propuesto, sin haberlo planeado; era noche de viernes y dos familiares que se encontraban de visita, me incitaron a presenciar la magna función de box, la misma que fue promocionada con anterioridad por toda la ciudad y que tendría lugar en el Palenque de Gallos de la feria. Sin pensarlo mucho, accedí, hacía ya muchísimo tiempo que no asistía a una función de box, a pesar de que me confieso un fanático de este deporte, tan seguido y aclamado por muchos, pero tantas veces cuestionado y denostado por otros, debido a la profunda carga de violencia que conlleva.
Una vez en el recinto, me situé en la zona de ring side, la más cercana al cuadrilátero, dispuesto a presenciar combates épicos, de esos que dejan huella, de esos que dejan sin aliento; sin embargo, era conciente de que se trataba de boxeadores de nivel amateur, que no se dedican al cien por ciento a esta actividad y que más bien la practican por necesidad, así que debía pensar que las peleas no serían ni por mucho, sumamente espectaculares.
El ambiente era el típico de un espectáculo público, plagado de sonidos diversos que iban desde el murmullo de la gente, pasando por los silbidos, las ofertas de los vendedores de cerveza y refrescos y hasta las arengas proclamadas a favor de los personajes que sobre el ring, daban sus mejores golpes. Como arribamos tarde, la primera pelea que presenciamos fue la de la “Chiquita” Martínez contra Oswaldito Cifuentes, el primero comiteco, el segundo oriundo de Tapachula, pesos pequeños (súper pluma) que al sonar de la campana, pusieron músculo, cabeza y corazón, para hacerse con la victoria, misma que llegó por la vía del knockout, a favor del de casa, lo que provocó el júbilo del respetable.
Tocó el turno al “Chino” López de Comitán y a “Olivarito” Espinoza de Villaflores, dos pesos gallo que se enfrascaron en un buen combate. ¡”Vamos chino, síguelo, síguelo!”, ¡“Eso es, ve tras él”!, gritaba eufórico un aficionado, mientras que un centenar más lo secundaba tratando de alentar al púgil comiteco que empeñaba mucho esfuerzo, pero que con el paso de los minutos se veía claramente superado por su adversario, un tipo delgado y desgarbado, pero que soltaba golpes a gran velocidad, que poco a poco fueron haciendo mella en el “Chino”, quien estoicamente aguantó metralla y al final aceptó la inevitable derrota por la vía de la decisión unánime.
Debo confesar que este combate, me levantó de mi asiento y que incluso llegué a contagiarme de la euforia de los aficionados que ante la exhibición de los contendientes, dejó escapar sus emociones y reconoció mediante una carretada de aplausos, el esfuerzo y el talento de los boxeadores. Había sido pues, una pelea emocionante.
De la siguiente pelea, no hubo mucho por rescatar, el perdedor se quejó amargamente de que su adversario lo había golpeado en varias ocasiones debajo de la cintura, zona prohibida de acuerdo a las reglas del boxeo y sin decir más puso las rodillas sobre la lona y el “second”, informó al referee, que “no iban más”. Deslucido final para una pelea que juicio de este neófito del box, prometía mejores episodios.
Casi sin descanso, llegó la pelea estelar, “La revancha”, como titularon los promotores a la segunda edición de la contienda entre el “Pollo” López , de Tapachula, contra Jordy Espinoza, de Villaflores, dos pesos ligeros que semanas atrás habían protagonizado un buen combate, que dejó al público con ganas de ver más, lo que sería posible esta noche. Entre episodio y episodio, un tipo parodiaba las transmisiones boxísticas de TV Azteca y situado en el papel del analista Eduardo Lamazón, otorgaba las respectivas calificaciones a los peleadores.
La pelea me pareció buena a secas, ambos expusieron lo mejor de su repertorio y luego de 10 rounds de fragorosa batalla, y entre los pronósticos que daban como ganador a uno y a otro, los jueces declararon un salomónico empate.
Así concluyó la jornada y a pesar de que debo reconocer que quedó en mí un dejo de insatisfacción por no contagiarme de mayores emociones, la decisión de asistir a la magna función de box, había sido atinada, en medio de este resurgimiento de la popularidad del deporte de los puños, debido en gran parte a esa lucha entre las cadenas de televisión abierta de nuestro país, que sábado a sábado proyectan carteleras boxísticas para el deleite de los aficionados.
Al final, y a pesar de lo violento que puede llegar a ser, el box es también un reflejo de la vida, de esa cultura del esfuerzo tan propia de nuestro país, que demanda día a día el máximo de nosotros para buscar salir adelante; tal vez, ahí radique el enorme impacto que este deporte provoca y ha provocado entre los mexicanos.
Sí, regresaré a ver otra función de box, estoy seguro.